Transición energética financiada con moneda social

El 13 de julio de 2016 el ayuntamiento de Barcelona hizo pública una medida de gobierno que consiste en crear un operador  energético en la ciudad con el objetivo de acelerar la transición energética, facilitar el autoconsumo y ofrecer acceso a los ciudadanos a las rentas resultantes del negocio eléctrico, así como abordar objetivos de justicia económica como acabar con la pobreza energética.

Uno de los puntos claves de este proyecto es la financiación de nuevos generadores de energía renovable, y aquí es donde la moneda social que el ayuntamiento de Barcelona está planificando puede jugar un papel muy interesante.

He redactado la propuesta que viene a continuación y la he compartido con los ejes de economía y de ecología, así como el grupo de moneda social de Barcelona en Común.

Además, puede enmarcarse en el grupo de trabajo anunciado sobre energía y cambio  climático que se menciona en el documento.

 

Esquema operador energético con moneda social

Ofrecer a los ciudadanos de Barcelona que accedan a realizar inversiones en generadores eléctricos en condiciones muy ventajosas:

1.  Se ofrecería a los ciudadanos, desde el operador energético, que cambiasen euros por moneda social. El incentivo por ejemplo puede ser  el  de obtener la copropiedad de la placa adquirida en un porcentaje  (por  ejemplo el 10%). Así, un ciudadano, por ejemplo, podría  comprometerse a  cambiar 100€ al mes por 100 unidades de moneda social  durante 20 meses  (lo que se requiera para adquirir una placa solar o equipamiento generador de energía).

2. El operador usaría los euros así recaudados (todos o una parte) para comprar e instalar placas o generadores.

3. La gente usa la moneda social en pagar:

- Bienes y servicios suministrados por las empresas participantes en el esquema (comercio de proximidad, etc).

- La factura de la luz (una parte): El operador acepta un porcentaje   del pago de la factura de la luz en moneda social (el porcentaje que  sea  compatible con su tesorería: se puede ir incrementando con el  tiempo).

 

El sistema:

Con   un sistema de crédito mutuo en el  que se invita a participar a otras   empresas y comercios de proximidad.  Aquellos que contraten la luz con   el operador energético tendrán un  incentivo adicional, al poder usar   esa moneda para pagar la factura de  la luz. Se trataría de una moneda   respaldada por energía limpia (al  menos en parte, podría haber otros   respaldos). Aquí asumo que ciertas  pymes podrían llegar a ser   consumidoras del operador energético, aunque  esté principalmente   dirigido a los particulares.

 

Ventajas potenciales:

1.   Financiación: Se podría levantar un capital bastante interesante  para   acelerar la transición energética. Básicamente, se trata de  sustituir   los euros por moneda social para el consumo, y utilizar esos  euros  para  la inversión en generadores de energía limpia.

2. Promoción de una economía local vinculada al mundo de la energía: La    ciudadanía, incluso de bajo nivel de renta, podría acceder a tomar   parte  en la inversión en energía limpia y sus beneficios (privados y   comunes)  mediante la copropiedad, sin necesidad de ahorrar, solo a  base  de  cambiar moneda y sustituir consumo de producto global por  producto   local.

3. Reducción de la demanda energética: La moneda social  incentiva el   consumo de proximidad, reduce la cadena de suministro (en  km.), y por   lo tanto la huella ecológica, esto supone un valor añadido  muy en la   línea de la estrategia definida para el operador energético:  la de   reducir la demanda energética (si consumes un producto que se  produce   en un radio de 100 km gastas menos energía que si consumes un  producto   que se produce a 1.000 km).

4. Incremento del multiplicador económico local. Se pueden  ofrecer   incentivos para que, además, el operador pague también a los   ciudadanos  en moneda social los alquileres de los espacios donde  colocar  las  placas y los rendimientos de las mismas, en vez de hacerlo  en  euros, lo  que incrementaría el efecto multiplicador local del  gasto  realizado  con esas rentas adicionales que reciba la ciudadanía, mejorando la  renta y el empleo locales.

 

Precedentes

- Money, Market and Climate Change: Propuesta teórica de Shann Turnbull (2009) http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1304083

- Ecoxarxa de Manresa (a bona hora) es un sistema de crédito mutuo en   moneda social creado en 2010. También se permite que los socios   participen comprando la moneda social con euros. Estos euros se destinan, entre otras cosas, a la compra de placas solares. Los  usuarios  de la ecoxarxa pueden utilizar la energía generada por dichas  placas y  pagarla en moneda social. https://abonahora.wordpress.com/

- Solarcoin:  criptomoneda (moneda basada en tecnología de cadena de  bloque) creada en 2014 para financiar la instalación de generadores de  energías renovables. Su cotización se puede seguir aquí: https://coinmarketcap.com/currencies/solarcoin/

Accede a la versión en inglés de este artículo:  Using Social Currencies to Fund the Energy Transition

Creative Commons Licence: 3.0. (Compartir igual)

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Un euro-dacma y Barcelona en Comú

En una entrevista privada con otros financieros internacionales y según una fuente anónima de Bloomberg, Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, reconoce sin apoyar la posibilidad de creación de una moneda complementaria al euro en Grecia.

La idea no es nueva en absoluto y hay todo un movimiento de iniciativas activistas creando monedas complementarias en diversos lugares del mundo. El documental “Monedas de cambio” lo ilustra.

Los precedentes son muy alentadores (aunque lamentablemente ausentes de todo programa de estudios de ciencias económicas). En primer lugar, el WIR, una moneda paralela que pusieron en marcha un puñado de empresarios suizos en 1934 y que ha sido clave en la estabilidad de la economía real suiza, actuando de forma anticíclica desde entonces. En la actualidad más de 60.000 empresas suizas (una de cada cuatro) tienen cuenta en WIR.

En Brasil, las monedas complementarias han sido un factor tan importante para el desarrollo de zonas deprimidas que se ha convertido en el primer país del mundo cuyo banco central apoya las monedas complementarias sociales.

A raíz de la crisis del Euro, las propuestas han empezado a llegar cada vez desde más arriba. En 2012 un grupo de economistas en una reunión de la patronal de pymes alemanas emitieron una declaración en favor de la creación de monedas complementarias en los países en dificultades de la zona euro. Entre ellos estaba el ex-economista jefe del Deutsche Bank, Thomas Mayer, junto a promotores de monedas sociales como el Chiemgauer de Baviera.

En la misma línea, desde 2011 un grupo de promotores hemos estado presentando la propuesta del Proyecto Eurocat para crear una moneda complementaria catalana. El Eurocat es uno de los pilotos del proyecto D-cent, destinado a crear herramientas tecnológicas para el empoderamiento de la sociedad por medio de participación directa en decisiones políticas y de una moneda social con control social del crédito.

Recientemente, y ya en alusión directa a Grecia, han surgido diversas propuestas, como o la recientemente publicada en Alternativas económicas y escrito por un grupo de académicos franceses: ¿Y crear un euro-dracma?.

Lo más preocupante es que en un reciente artículo, el comentarista del Financial Times Wolfgang Münchau, también apoya una moneda complementaria o paralela en Grecia como modo de evitar la salida de Grecia del Euro. Y en el artículo de Bloomberg que cito al principio se puede leer que Goldman Sachs lo recomienda, clara señal de que tienen intención de hacerse con el negocio.

En un reciente foro de innovación en banca y finanzas se dijo la frase “Nadie tiene ni idea de qué aspecto va a tener el sector financiero dentro de 5 años”. Innovaciones como el Bitcoin, el auge de los préstamos P2P o la desaparición del efectivo en Dinamarca, están abocando al sector monetario y financiero a cambios dramáticos que estamos por ver.

 

¿Moneda paralela o moneda social?

Una moneda paralela o complementaria es una moneda que circula al margen de la moneda oficial, sin más. Pero hay un grado más allá, que es una moneda social. Las monedas sociales son aquellas en las que sus usuarios aceptan conscientemente sus reglas de funcionamiento y pueden participar en crear o modificar estas reglas. Es el tipo de monedas que los activistas estamos promocionando, por ejemplo desde el Instituto de la Moneda Social. La clave de una moneda complementaria ahora es que sea social, porque el hecho de que el sistema monetario y financiero covencional no funcione tiene que ver con el hecho de que su diseño es estructuralmente asocial e insostenible.

El domingo pasado por primera vez un partido político ganó unas elecciones con una propuesta de moneda social en su programa. Tras deliberaciones en el eje de Economía, que elaboró su programa de forma colaborativa, Barcelona en Comú incorporaba esta medida. Tengo el honor de haber formado parte de ese proceso.

Es una oportunidad histórica de ser artífices del cambio de sistema monetario y financiero que se avecina. Pues que este cambio va a llegar es algo que cada vez está más claro, pero que la ciudadanía participe y el cambio no sea más de lo mismo, es responsabilidad de todos nosotros. Está en nuestra mano: podemos dejar que los financieros habituales creen su moneda paralela en favor de suspropios intereses (no olvidemos que son los bancos quienes crean la mayor parte del dinero en circulación) o podemos participar en la construccion de una moneda social creada para y por la gente.

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El fin de la “independencia” del Banco central está cerca en Canadá gracias a una sentencia judicial

El Banco Central de Canadá podría recuperar su capacidad de emitir y entregar dinero al Estado sin la banca privada como intermediaria: un revolucionario caso judicial.

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En mi última intervención relataba cómo el parlamento británico discutía, en un debate único, las ramificaciones políticas del sistema monetario. Un sistema monetario que, en todo el mundo, se basa en la capacidad de la banca de crear la mayor parte del dinero en circulación mediante la concesión de créditos en un sistema de reserva fraccionaria. En este artículo resumo un caso judicial referido a la capacidad de los bancos de financiar a los Estados.

Según el artículo publicado por Tercera Información, tres jueces han fallado a favor del caso judicial de COMER (Comité para la reforma económica y monetaria) contra el Banco de Canadá.

Tal como cita el artículo: “William Krehm, Anne Emmett y COMER, presentaron una demanda de 12 de diciembre de 2011 en el Tribunal Federal para intentar forzar una restauración del Banco de Canadá a los propósitos de su mandato. En esencia, quieren que el Banco de Canadá tenga la capacidad de ofrecer préstamos sin interés a los gobiernos federales, provinciales y municipales, en las condiciones previstas en la ley del Banco de Canadá.”

Actualmente Canadá está en la misma situación que la Eurozona: sometida al principio de la “independencia” del banco central. Esto significa que los Estados tienen que pedir prestado a los bancos, bien por medio de la venta de bonos o mediante créditos, y pagar un interés por esa financiación, a diferencia de otros países como EEUU o Reino Unido que pueden financiarse sin coste financiero mediante sus bancos centrales, tal como ocurría en Canadá hasta 1974 aproximadamente.

Después de la crisis de 2008, y los rescates financieros subsiguientes, el principio de “independencia” de los bancos centrales ha dejado de tener sentido. Según ese principio, los bancos centrales tendrían que ser independientes del Estado y el Estado debería financiarse en el mercado privado, lo cual evitaría que los Estados se endeudaran de forma insensata, ya que le mercado penalizaría esta conducta encareciendo su financiación. En la práctica, mucha de esta financiación de los Estados procede de la propia banca. Pero después de los rescates bancarios, es patente que el riesgo de los bancos es asumido por los Estados. El riesgo (que es el concepto principal que cubre el interés) de los bancos es asumido en la práctica por los Estados y los contribuyentes. Un banco comercial no puede cobrar interés a un Estado por soportar el riesgo del Estado, si es el Estado quien soporta el riesgo del sistema financiero en la práctica. Esto resulta en la situación actual: la banca se endeuda al 0,5% con el Banco Central Europeo y cobra el 5% al Estado, consiguiendo un 4,5% limpio sobre las enormes cifras de la financiación publica y con un riesgo que es soportado, en última instancia, por el contribuyente a través de los rescates bancarios.

Esta sentencia, de hacerse firme en Canadá, podría sentar un precedente muy importante para todos los bancos centrales. El 26 de enero de 2015, la última apelación en nombre de la corona para que el caso fuese desestimado fue rechazada por la Corte Federal en Toronto. El Gobierno Federal tiene ahora 60 días para apelar la decisión ante la Corte Suprema.

Mientras tanto, Jueces para la democracia denuncia que España ha sido un paraíso para los bancos, con una legislación que sigue siendo enormemente favorable para las entidades bancarias. Un marco legal que difícilmente permitirá acciones como la empredida por COMER en Canadá y que exigiría otro tipo de medidas, ya sea por la vía de la desobediencia civil o por la vía política.

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La obligación de competir por el capital

La defunción de Emilio Botín el mes pasado causó toda una serie de reacciones de todo signo. Junto con las serviles alabanzas de gran parte de instituciones públicas y grandes medios de comunicación, también se emitieron programas mucho más analíticos e interesantes. En concreto, me refiero a esta entrega del programa Fort Apache, en el que se habló de la banca y qué hacer con ella.

En primer lugar, hay que dar la bienvenida a este tipo de debates, tan escasos como necesarios. En este programa, incluso se mencionó el papel de los bancos como verdaderos creadores de dinero, algo que raramente se toca. Este debate público es paso obligado para que el debate político tenga lugar. Un ejemplo de ello es el Reino Unido, donde se acaba de anunciar la discusión en el parlamento sobre el proceso de creación monetaria, en este debate está previsto revisar la ley que prohibía crear dinero a los bancos (la ley de 1840 prohíbe a los bancos la creación de billetes) y discutir si no sería oportuno prohibirles crear dinero digital, que es lo que hacen en la actualidad. El debate, previsto para el próximo día 20 de noviembre promete ser interesante.

Y es que el modelo monetario y financiero es claramente un asunto político.

 

Soluciones a la banca de hoy

En el debate televisivo que he mencionado se hizo bien en señalar que la banca tiene apoyos públicos sin los cuales estaría quebrada de forma fulminante.  Mucha razón tiene Carlos Sánchez Mato al proclamar que se retiren los apoyos públicos a la banca en manos privadas.

La otra opción sería nacionalizar la banca, poniendo en valor esos apoyos públicos otorgados, sin los cuales no podría sobrevivir, para procurar un mayor control político del crédito y de la gestión de las entidades rescatadas. Ni que decir tiene que cualquier empresa privada que hubiera inyectado tal cantidad de recursos en un sector, sería dueña y señora de ese sector. Por una dejación de funciones en la representación del bien común, nuestros representantes políticos no han ejercido esa baza de poder tras usar el dinero de los ciudadanos para salvar el sector financiero.

En la cuestión de qué hacer con la banca que tenemos hoy, estas dos posibilidades son las que están encima de la mesa: retirar el apoyo público al sector financiero o nacionalizar la banca, o alguna de sus variantes intermedias, pues el apoyo público a la banca también puede traducirse en una determinada condicionalidad: limitar sueldos de los consejeros, imponer cuotas de crédito para distintas sectores productivos, etc. Es curioso que la Troika imponga al gobierno condicionalidad para darle rescates y sin embargo el gobierno no traslade esa condicionalidad a los bancos, en quienes ha enterrado ese rescate y las sustanciosas ayudas y avales adicionales que disfruta.

Pero también es importante señalar que no solo debe preocuparnos la banca que tenemos hoy, sino la que podemos y debemos tener en un futuro. Y este aspecto estuvo fuera del debate mencionado, aunque fue vagamente enunciado con una intervención que quedó sin respuesta. El Sr. Altozano, que en el debate hacía el papel de defensor del sistema financiero actual, aún exhibiendo un profundo desconocimiento de los mecanismos de creación monetaria, planteó algo que es muy real: la exigencia de que los países compitan por el capital; y preguntó como lo harían los demás ponentes, si estuvieran en una posición de gobierno (minuto 41).

Las dos opciones políticas de corto plazo para la banca que acabamos de mencionar no rozan ni de lejos esta cuestión, ni afrontan los problemas estructurales del sistema monetario y financiero actual.

 

El sistema financiero del futuro

Respecto a la posible solución de nacionalizar la banca, es importante señalar que el sector financiero actual tiene características que lo hacen sistémicamente insostenible: La tendencia a la concentración, la propensión a las crisis financieras recurrentes con una celeridad cada vez mayor, o la incapacidad de los bancos centrales para estimularlo de forma efectiva, ya sea por la vía de la política monetaria ordinaria o la flexibilización cuantitativa son algunas características que no parece que vayan a ser diferentes por el mero hecho de que la banca sea de titularidad pública. Si sigue habiendo entidades demasiado grandes para caer ¿cómo hacer que la impunidad de los banqueros no se convierta en la impunidad de los políticos al frente de su gestión? El ejemplo de lo ocurrido con los políticos en los consejos de las cajas de ahorro no es un precedente muy halagüeño al respecto.  Posiblemente la nacionalización, o ejercer una condicionalidad dura con el sector financiero, sean medidas necesarias en el corto plazo, pero la posibilidad de que esto suponga una solución a largo plazo es mínima. No hay ninguna medida regulatoria que nos vaya a sacar de un modelo monetario y financiero excesivamente concentrado y propenso a las crisis, puesto que el modelo, de por sí, tiende a la concentración bancaria y a las crisis recurrentes.

En segundo lugar, la opción de retirar los apoyos públicos a la banca es atractiva pero imposible: habría que estar preparado para dejar caer la banca y no lo estamos; entre otras cosas, porque no tenemos ninguna solución diferente al modelo financiero actual: el modelo basado en la creación de dinero por parte del sistema bancario mediante el mecanismo de reserva fraccionaria. ¿Cómo afrontar un pánico bancario con un sector donde casi el 60% de los activos están colocados en 5 entidades? Sin un modelo diferente de banca ya funcionando, parece difícil. Primero hay que dejar crecer un modelo financiero diferente y entonces la sociedad no necesitará rescatar ni subvencionar al que tenemos en la actualidad, pues no dependeremos de él.

Estos graves problemas estructurales exigen solución, pero además tenemos esta otra cuestión: Cómo competir por el capital, que es justo la clave del problema.

Efectivamente, el actual marco institucional (en el que el sistema monetario y financiero es una pieza esencial) nos impone la competencia por el capital. Los países se ven así obligados a competir con otros países para atraer actividad económica, y en esa competencia se utiliza el dumping fiscal, o sea, cobrar menos impuestos a las empresas por establecerse en tu territorio que la hacienda pública del país de al lado. Esto dificulta la subida de los impuestos a las rentas altas, lo cual deja a los gobiernos sin recursos.

 

Mejor no cometer los errores típicos

La obligación de competir por el capital es una realidad innegable dentro del marco institucional actual. La postura clásica de la izquierda ante ella ha sido 1: típicamente actúan como si la obligación de competir por el capital no existiera y 2: no hacen nada para liberarse de ella. Esta combinación es una receta para el fracaso y da como resultado la izquierda testimonial y fracasada a la que, en cuanto sube al poder, le empiezan a subir las cifras de paro, la inflación y el déficit público. Amparados en el consuelo de que Marx no lo concibió, siguen sin tomar en serio la profunda naturaleza disruptiva del dinero fiat no referenciado y combinado con un recurso masivo al dinero-crédito, del que se nutre principalmente nuestro sistema monetario y financiero hoy día: un dinero digital, que habita en los balances de los bancos y surge, principal, pero no únicamente, al otorgar crédito. Un sistema monetario basado únicamente en este tipo de dinero fue inconcebible no solo para Marx, sino también para su principal seguidor en lo que al estudio del capital financiero se refiere: R. Hilferding, cuyos importantes aciertos predictivos en su obra magna “El Capital Financiero” hubieran sido mucho mayores si no hubiese descartado por imposible el tipo de sistema monetario y financiero que tenemos hoy.

Frente a esta postura de la izquierda clásica, está la de una izquierda pujante que sí está funcionando: por ejemplo, la del gobierno de Uruguay, que sigue dos estrategias complementarias : por un lado, aceptar el reto de competir por el capital, que a corto plazo es ineludible. Uruguay se ha esforzado en incentivar la inversión extranjera para poder recaudar impuestos y después llevar a cabo una redistribución de la renta. Por otro lado, está tomando medidas para liberarse del marco institucional que le obliga a competir por el capital, en concreto, poniendo en marcha una moneda social (el gobierno de Uruguay lleva 3 años trabajando en este proyecto que todavía no ha visto la luz).

Esta obligación de competir por el capital es la traducción inevitable de la sumisión política de los gobiernos ante el capital financiero. Una obligación derivada de aceptar, de forma implícita, un modelo monetario y financiero en el que siempre hay más deuda que dinero para pagarla, porque precisamente son los bancos quienes crean el dinero como contrapartida de un reconocimiento de deuda con interés. Desde un punto de vista democrático, esta sumisión no se sostiene. Solo se sostiene porque se considera ineludible, como si fuera la fuerza de la gravedad o algo parecido, mientras que la realidad es que procede del diseño del sistema monetario: lo menos democrático que existe en nuestro marco institucional, algo que jamás ha sido sometido a votación popular ni a cuestionamiento alguno. Mientras no se tomen medidas para el cambio institucional necesario que permita liberarse de esa obligación de competir por el capital, esa situación de sometimiento al capital financiero no cesará y los países, así como las empresas, y todos los seres humanos en general, seguiremos viéndonos obligados a competir por el capital para que nos salgan las cuentas.

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El Banco de Inglaterra lo admite: el dinero es solo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando.

“La verdad al descubierto: el dinero es sólo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando. La honestidad British banknotes – moneydel Banco de Inglaterra lanza por la ventana las bases teóricas de la austeridad.” Así comienza un artículo de David Graeber publicado hoy, 18 de marzo de 2014, en el periódico británico The Guardian, en el que se comenta el artículo publicado por el Banco de Inglaterra titulado: La creación monetaria en la economía moderna. El artículo del Banco Central se resume en tres puntos que lo encabezan y son:

  • En este artículo se explica cómo la mayor parte del dinero en la economía moderna se crea por parte de los bancos comerciales al otorgar préstamos.
  • La creación de dinero en la práctica difiere de algunas falsas ideas muy extendidas – Los bancos no actúan simplemente como intermediarios, prestando los depósitos que los ahorradores colocan en ellos, ni tampoco “multiplican” el dinero del banco central para crear nuevos préstamos y depósitos.
  • La cantidad de dinero creado de la economía depende en última instancia de la política monetaria del Banco Central. En tiempos normales, esto se lleva a cabo mediante el establecimiento de las tasas de interés. El Banco Central puede también afectan la cantidad de dinero directamente a través de la compra de activos o “flexibilización cuantitativa”.

Igual que en mi ultimo artículo, no estamos ante nada nuevo. Numerosos pensadores independientes como la recién fallecida Margrit Kennedy, Bernard Lietaer, Ellen Brown o Thomas Greco llevan décadas denunciándolo. En general, cualquier persona involucrada en el campo de las monedas sociales o complementarias lo tiene meridiánamente claro. Además, recientemente otras voces bastante poco “alternativas” lo han señalado también, como los economistas del FMI Michael Kumhof y Jaromir Benes en su El Plan Chicago revisado de 2012 y 2013.

La novedad es que lo admita el Banco de Inglaterra. El articulista del comentario en The Guardian, el antropólogo David Graeber, autor del interesantísimo libro “La deuda, los primeros 5.000 años“, se pregunta y él mismo se contesta:

¿Por qué el Banco de Inglaterra de pronto admite todo esto? Bien, una razón posible es que es obviamente cierto. El trabajo del Banco es gestionar el sistema, y en los últimos tiempos, el sistema no ha estado funcionando especialmente bien. Es posible que se decidiera que mantener la fantasiosa versión de la teoría económica oficial, que ha demostrado ser muy conveniente para los ricos, es simplemente un lujo que ya no puede permitirse.

Probablemente David Graeber se queda corto al valorar las consecuentas de esta admisión. Esto no solo lanza por la ventana la base teórica de las políticas de austeridad, sino los mismos pilares fundacionales de los modelos económicos actuales, como la neutralidad del dinero, o incluso su misma naturaleza, pues la consideración de que el dinero es una mercancía es lo que justifica que se trafique en un mercado. No olvidemos que el interés, en la teoría económica actual, se asienta sobre la preferencia temporal del dinero hoy frente al dinero en el futuro, una justificación ligada completamente a la supuesta escasez del dinero, por su calidad de mercancía. El hecho de que la verdadera naturaleza del dinero en la actualidad sea un reconocimiento de deuda significa que la asignación del crédito con el que se crea el dinero puede ser un mecanismo suficiente de asignación de recursos y los mercados de capitales no tienen razón de ser.

Dentro de nada, con un poco de suerte, alguien en alguna de estas importantes instituciones hará una sencilla operación aritmética y se dará cuenta de lo que significa que la mayor parte del dinero en la economía se cree como un préstamo con interés: entonces se reconocerá oficialmente que esta forma de creación monetaria, el crédito con interés, es el verdadero motor que impone el crecimiento económico y causa las crisis financieras cuando el crecimiento no llega.

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Francisco González en Financial Times: “el monopolio de la banca ha muerto”

En un artículo publicado en el Financial Times el 3 de diciembre pasado titulado “Los bancos necesitan incorporar a Amazon o Google, o morirán”, el Consejero delegado del BBVA, Francisco González, admite abiertamente que “el monopolio de los bancos ha terminado” y que empresas tecnológicas como Google o Amazon están hoy en mucho mejor posición para abordar los retos de futuro de la banca. El directivo de BBVA añade que el sector financiero, con una infraestructura tecnológica construida en los años 60 y 70 repetidamente parcheada, y una cultura poco afín a la de Internet, está lastrado para afrontar este reto.apple-amazon-facebook-google

Nada de todo esto es noticia. De hecho, se podrían mencionar otros retos que está viviendo la banca tradicional como la competencia creciente que les está llegando de las entidades crediticias P2P (créditos de particular a particular, como por ejemplo la española comunitae.com). O las monedas complementarias y alternativas, de las cuales el Bitcoin es la más famosa, pero sin duda no la única ni la más importante. La gran noticia es que Francisco González lo declare en la columna de opinión de The Financial Times.

¿Qué significa esta declaración? Es probable que el artículo sea un guiño a los gigantes de Internet para aproximarse a los gigantes financieros y tratar de provocar la fusión entre ambos. De ahí el hincapié de Francisco González en los seis años que BBVA ha invertido en modernizar sus infraestructuras tecnológicas. Pero desde un punto de vista estratégico, esa posible fusión tiene mucho más sentido para la banca que para las empresas tecnológicas pues, si el monopolio de la banca ha caído ¿para qué necesitan las tecnológicas a la banca? Allí donde la banca tiene su valor diferencial, su red de oficinas, es en los mercados maduros de los países desarrollados, mercados con poco potencial de crecimiento. Las posibilidades de crecer están en los países emergentes, y en esos países el crecimiento se está produciendo sobre todo a través de los canales de banca móvil. Nada impide a las tecnológicas, acompañadas quizá de las operadoras de telecomunicaciones, copar esos mercados desplegando sus modernos sistemas de interacción online y de banca móvil, ahogando así las opciones de crecimiento de la banca tradicional que se vería así abocada a una inexorable caída.

Resulta llamativo leer a Francisco González exponiendo el gran potencial de la banca convencional de ofrecer datos sobre los hábitos de compra de los usuarios a empresas como Amazon y Google, empresas que saben todo, y cuando digo todo es todo, de sus usuarios y clientes. Con los sistemas de análisis de grandes cantidades de datos, lo que se denomina Big data, y una interacción con el cliente cada vez más multicanal en la que internet esté presente, ese tipo de información es ya una realidad al alcance de muchas empresas, que nadie está buscando precisamente en los bancos.

Este incierto futuro del sector financiero encaja con las declaraciones de la troika de hace apenas una semana. En su reciente visita a España, los hombres de negro manifestaban su preocupación por la falta de rentabilidad de la banca, y animaban a las instituciones financieras españolas a salir al exterior. Lo que ocurre es que en el exterior se encontrarán con el panorama que he descrito antes.

Por lo tanto, estamos frente a un sector financiero que es todopoderoso hoy pero consciente de lo efímero de su hegemonía.  Como un rey con el ejército enemigo a las puertas de la muralla, está buscando salidas o incluso buenas condiciones para la rendición, pero no va a vender barato su pellejo y va a ejercer su poder hasta el final, usando al gobierno para liquidar el país, pronto no quedará más que lo que esté atornillado al suelo, tal como ilustraba hace poco Simona Levi, en su exhortación para unirse en una propuesta ciudadana de mínimos que se ha denominado Partido xComo ya he comentado, hace tan solo un par de semanas el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, admitía abiertamente lo que todos sabíamos pero su gobierno había estado negando hasta ahora: que los rescates del sector financiero los íbamos a pagar, en su momento, los contribuyentes con cargo a los presupuestos generales del estado, pues “ningún país puede vivir sin un sector financiero”.  Resulta lamentable la abierta rendición de nuestros políticos a un poder que, no solo no representa la soberanía popular, sino que además es un poder sin futuro.

El poder financiero tiene un activo ilegítimo en su posición de domino actual. Tiene la protección declarada del poder político, que aprovecha una estructura política originalmente diseñada para distribuir la renta de arriba abajo, para hacer una redistribución de la renta en el sentido contrario y pagar así rescates e intereses de la deuda cada vez mayores a los bancos con cargo a las cuentas públicas y aplicar una política impositiva cada vez menos progresiva. En una sociedad un poco más democrática que la actual estarían corriendo ríos de tinta en la Academia y en los medios de comunicación, no habría nada de mayor actualidad política y económica que encontrar alternativas a este sector financiero (que es la parte fundamental del sistema monetario) sin el que no podemos vivir pero que tiene a la sociedad en una situación de secuestro. Ni siquiera hay que tener mucha inventiva, aunque solo fuese eso, podrían escuchar a Francisco González, que lo dice bien claro: el futuro de la banca es tecnológico. Pero no tiene por qué ser lo que Francisco González espera.

La sociedad civil puede quedarse presenciando el negocio, la venta ordenada de esa posición de privilegio y dominio que detenta el poder financiero, o un traslado de ese activo ilegítimo a nuevos y más competentes dueños: las empresas tecnológicas. O también puede prepararse para tomar cartas en el asunto y aprovechar que ya es oficial porque Francisco González lo ha dicho: el monopolio de la banca ha muerto.

Quizá es el momento de que la ciudadanía empiece a entender de dónde sale ese inmenso poder que doblega a los poderes políticos y comprenda cómo adquirir esta parte de la soberanía que claramente no está en el pueblo, pues esa soberanía ahora está a disposición del mejor postor.

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Tenemos alternativas para no vender el patrimonio

La venta del patrimonio público parece ser la huída hacia adelante preferida de los gobiernos de este país. El viernes pasado el presidente del gobierno declaraba sin rubor en RNE lo que todos ya sabíamos, que el rescate bancario lo pagaremos todos los españoles por la vía de los presupuestos generales del estado. El agujero presupuestario se está cubriendo, como también sabemos todos, con recortes en los servicios públicos como educación o sanidad, pero también con la venta del patrimonio nacional. Hace dos meses, saltaba la noticia de la venta del 10% del Parque Natural de los Alcornocales.

En los presupuestos de 2014 de la Generalitat de Catalunya hay incluidos 842 millones € de ingresos previstos por la enajenación de patrimonio. Patrimonio perteneciente a los catalanes, que se va a vender en las peores condiciones de mercado posibles al mejor postor (¿extranjero?), simplemente para poder hacer frente a los pagos previstos. Esta pérdida de riqueza es equivalente a cuando no hay para comer y se malvende la casa, pero después se alquila a quien la ha comprado… pan para hoy y hambre para mañana.

Sin embargo, esta no es la única opción que tienen las administraciones públicas. Existen opciones que permitirían solucionar de otra forma los problemas de falta de liquidez. Recordemos lo que explicaba Ellen Brown en su libro “Telaraña de deuda” (1) respecto a una pequeña isla entre Francia e Inglaterra que tomó la determinación de no vender su futuro:

“Mientras los banqueros estadounidenses insistían en que el gobierno tenía que pedir prestado en lugar de imprimir el dinero que necesitaba, los residentes de un pequeño Estado insular en la costa de Inglaterra estaban llevando a cabo en silencio un experimento que mostraría que el argumento de los banqueros sobre el peligro de la inflación es una farsa. Guernsey se encuentra entre las islas del Canal británicas, a unos 75 kilómetros al sur de Gran Bretaña. En 1994, el Dr. Bob Blain, el Profesor de Sociología en la Universidad del Sur de Illinois, escribió acerca del notaguernsey-peter_1678294cble caso de esta isla:

“En 1816 sus diques se desmoronaban, sus caminos estaban embarrados y sólo tenían 1,3 mt de ancho. La deuda de  era de 19.000 libras. Los ingresos anuales de la isla eran de 3.000 libras de las cuales 2.400 necesitaban ser utilizadas para pagar los intereses de su deuda . No es sorprendente que la gente abandonase Guernsey, había poco trabajo.

Entonces, en 1816, el gobierno de  Guernsey creó y prestó billetes sin intereses por valor de 6.000 libras. Unas 4.000 libras fueron utilizadas para iniciar las reparaciones de los diques. En 1820, otras 4.500 libras fueron emitidas, una vez más sin intereses. En 1821, otras 10.000; en 1.824, 5.000; en 1.826, 20.000. En 1837, 50.000 libras se habían emitido sin intereses para el uso principal de proyectos como diques, carreteras, el mercado, iglesias y colegios. Esta suma duplicó con creces la oferta monetaria de la isla durante este período de trece años, pero no se produjo inflación. En el año 1914, cuando los británicos limitaron la expansión de su oferta de dinero, debido a la Primera Guerra Mundial, el gobierno de Guernsey emitió otras 142.000 libras en los siguientes cuatro años y nunca miraron hacia atrás. En 1958, más de 542.000 libras se habían emitido, todo ello sin inflación.

“Guernsey tiene un impuesto sobre la renta, pero el impuesto es relativamente bajo (una tarifa “plana” del 20 por ciento), y es simple y sin escapatoria. No tiene un impuesto sobre sucesiones, no hay impuesto de ganancias de capital, ni ninguna deuda federal. Los bancos comerciales dan servicio a prestamistas privados, pero el gobierno no se endeuda. Cuando se quiere crear una infraestructura o servicio público, sólo se emite el dinero que se necesita para pagar el trabajo. El Gobierno de Guernsey ha estado emitiendo su propia moneda desde hace casi dos siglos. Durante ese tiempo, la oferta de dinero ha crecido cerca de 25 veces su tamaño original, sin embargo, la economía no se ha preocupado por la inflación de precios, y se ha mantenido próspera y estable (2).

“Muchos otros países también han emitido con éxito su propio dinero, pero Guernsey es uno de los pocos que se han quedado fuera del radar el tiempo suficiente para escapar de los ataques encubiertos de un cártel bancario internacional que pretende monopolizar la capacidad de crear el dinero.”

El secreto de la ausencia de inflación es que el dinero invertido en economía productiva (la construcción de infraestructuras necesarias lo es) genera directa o indirectamente nuevos productos y servicios que se pueden comprar con ese nuevo dinero. La condición para que se produzca inflación es que haya demasiado dinero en el mercado tratando de comprar demasiados pocos bienes y servicios. Por lo tanto, para mantener la inflación a raya hay que invertir en la creación de nuevos bienes y servicios que tengan demanda real y efectiva en el mercado, o que sirvan para propiciar su producción.

Hace unos días Valor Afegir de TV3 hizo un reportaje sobre monedas sociales en que se presentaba el proyecto Eurocat, al que contribuyo. Si la Generalitat participase en proyectos como este, no tendría que dilapidar el patrimonio de los catalanes… Y además se ahorraría los 2.077 millones € que tiene presupuestado pagar en intereses de la deuda.

Nota añadida 12/12/2013: Tras algunos comentarios debo hacer una aclaración. El caso de la isla de Guernsey no puede llevarnos a la conclusión de que el Estado puede emitir dinero sin control y mucho menos para cualquier propósito. Se pueden documentar casos claros en los que los Estados, especialmente para poder sufragar conflictos bélicos, han sobre-emitido la moneda nacional, que ha acabado perdiendo valor y generando inflación. Lo que este artículo pretende es demostrar es que ese mal uso de la emisión monetaria por parte de los Estados no tiene por qué ocurrir y también, que la solución a esa eventualidad no pasa por obligar al Estado a pedir prestado a bancos o mercados financieros. La solución es que esa capacidad de emisión monetaria esté controlada por la ciudadanía para que se produzca en la cantidad y para los propósitos democráticamente elegidos.

(1)   Extracto de Ellen Brown “Web of Debt” – Third Millennium Press – Baton Rouge, Louisiana – EEUU. Página 115.

(2)   Bob Blain, “The Other way to Deal with the National Debt”, Progressive Review (Junio 1994)

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Moneda virtual, moneda alternativa

El pasado miércoles 30 de octubre se emitió el reportaje titulado “Moneda virtual, moneda alternativa” en TV3, en el cual se presentó el proyecto Eurocat.

Está principalmente en catalán. Aquí os lo dejo:

 

tv3

 

 

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Proyecto Eurocat

Estamos creando la web del proyecto Eurocat. Un proyecto destinado a crear una moneda posindustrial en Cataluña. La web estará accesible en el dominio www.euro-cat.cat dentro de muy poco tiempo. Os mantendré informados.

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