Las 7 mejores estrategias para redistribuir la renta de abajo a arriba


Puesto que estamos viviendo el desmantelamiento del Estado del Bienestar, a continuación se recogen de forma esquemática las estrategias más efectivas para transferir renta de las capas medias y bajas de la población hacia las más pudientes. Todas ellas son perfectamente legales. Aquí no se incluyen casos de corrupción como la manipulación del LIBOR por parte de bancos británicos como Barclays o Royal Bank of Scotland, o los pagos de comisiones a políticos, como el caso Bárcenas, o la estafa de las Preferentes que muchos bancos han operado sobre sus más incautos clientes.

1. Rescatar bancos
La más escandalosa de todas. En Europa todavía nos estamos acostumbrando a esta idea que ya es tristemente familiar para nuestros amigos de Latinoamérica. Consiste en proteger las empresas financieras fallidas con dinero o avales públicos para que no quiebren. Una magnífica forma de evitar las leyes del mercado. El resto de los mortales, cuando hace mal sus negocios se arruina, pero no los bancos.

2. Permitir la inflación en activos como la vivienda (que es un bien de primera necesidad)
Se supone que si no sube el IPC más allá de un 2% o 3%, la inflación está controlada. La vivienda salió del IPC justo cuando la burbuja inmobiliaria empezaba a inflarse. Si la vivienda hubiera seguido en el IPC, habría que haber controlado la financiación del sector inmobiliario para impedir la subida del IPC y poder cumplir los criterios de la unión monetaria (y de paso, la burbuja inmobiliaria). Pero la financiación desproporcionada del sector inmobiliario ha sido muy lucrativa para los especuladores, mientras que para las familias no especuladoras ha supuesto el encarecimiento de un bien de primera necesidad. En la misma línea, la burbuja de las materias primas triplicó los precios de los cereales en la década pasada, según la UNCTAD, causando grandes hambrunas en ciertas partes del planeta.

3. Hacer una reforma laboral que abarate el despido (para fomentar el empleo).
La deslocalización de empresas a países con condiciones laborales, sociales y ecológicas ínfimas está teniendo su efecto ya en los países desarrollados: igualar a la baja esas condiciones en todo el mundo. En Alemania hay minisueldos de 400€ y en España la destrucción de empleo ha alcanzado cotas históricas, sin mejorar en absoluto tras el cambio de la legislación laboral. En los últimos tiempos el 38% de las empresas del IBEX35 han llevado a cabo Expedientes de Regulación de empleo que, para completar el despropósito,  se financian parcialmente por parte del Estado, agudizando su endeudamiento.

4. Sustituir impuestos directos por indirectos
Con estas medidas se reducen los impuestos directos como el IRPF por impuestos indirectos como el IVA. Mientras que los primeros son progresivos y gravan más al que más tiene, los segundos son iguales para todo el mundo. De esta forma, la carga fiscal del estado la tenemos todos por igual y se impide la redistribución de la renta (de arriba abajo) que proponían las políticas Keynesianas.

5. Financiar una crisis bancaria con deuda pública
Los intereses de la deuda pública supone cada vez una parte mayor del gasto público en todos los países afectados por la crisis. En España en 2013 se dedicará un 33% más que en 2012 a esta partida. Los inversores en deuda pública son los propios bancos y fondos de inversión, que canalizan el ahorro de personas y sociedades que disponen de suficiente renta como para invertir en deuda pública. Las personas que pagan esos impuestos son los contribuyentes. Por si en algún momento surge la tentación de hacer una auditoría a la deuda pública y se decide no pagarla con argumentos como que la ciudadanía no ha votado en unas elecciones la opción de rescatar un solo banco con dinero público, siempre se puede elegir un tórrido día de agosto en el que la gente esté distraída para aprobar un nuevo artículo en la constitución que priorice el pago a los acreedores del estado, por encima de cualquier otra obligación.

6. Legalizar la evasión de impuestos y llamarlo optimización fiscal.
La libre circulación de capitales, en la práctica, significa que una empresa puede producir en un país en el que haya mano de obra muy barata, como Bangladesh, comprar esos productos desde una empresa situada en otro país como Luxemburgo y vender desde allí en España, no tributando nada por el impuesto de sociedades y cargando el producto con solo un 4% de IVA. Así llegamos a situaciones como que a Apple Inc.  en España le salga la declaración a devolver, a pesar de que sus ventas están disparadas, o que Caixabank tribute un 8,21% por sus beneficios. Solo hay que tener destreza al manejar los precios de transferencia o las SICAV.

7. Privatización de monopolios naturales como la gestión del agua
Los monopolios naturales como el agua son una forma cada vez más frecuente de aumentar el beneficio de los gestores privados y el coste de servicios básicos imprescindibles para la población. Ayuntamientos como París han vuelto a la gestión pública del agua tras finalizar un periodo de concesión privada, porque se ha comprobado que la gestión pública es preferible.

Los fundamentos que amparan todas estas estrategias pasan por dos ejes fundamentales: el engaño de presuponer que no existe alternativa posible al sistema monetario y financiero actual y la consecuencia de ese engaño, la situación de secuestro que vive la sociedad:  el imperativo de contentar a los grandes capitales para que no se vayan, hasta el punto de entregarles dinero público, o eximirles de tasación y hasta de las mismas leyes del mercado.

Como resultado, tenemos el Informe Mundial sobre Salarios de la OIT 2012/13 que muestra una cada vez más baja participación de los ingresos del trabajo frente a las rentas del capital, o la pirámide de la riqueza mundial de Credit Suisse, según el cual, el 8% de la población mundial tiene el 80% de la riqueza.

Si nada lo remedia, el estado del bienestar será historia muy pronto. Podemos atrincherarnos en su defensa a base de manifestaciones y protestas, pero no olvidemos que para que esas protestas tengan efecto, la recesión debería remitir, y eso no parece muy probable (ver el precedente de Japón). Si estas posibilidades fracasan, la sociedad occidental se estará encaminando en una nueva dirección, queramos o no. Este es el momento de tomar posiciones y elegir cuál vamos a defender.

Si no podemos redistribuir la renta, es posible que la solución sea mejorar la distribución de la renta. Para ello hay que reformar el sistema monetario y financiero, pues la distribución de la renta viene determinada por él en gran medida. La ventaja de esta nueva estrategia es que, además de protestar y reclarmar un cambio, también tenemos la opción de tomar la iniciativa de crear nuestros propios medios de pago o unirnos a experiencias que alguien haya iniciado para empezar a dar forma a ese nuevo futuro y a sus mecanismos de representación de la voluntad popular, sin necesidad de esperar a que alguien venga a darnos la solución desde arriba.

 

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