La obligación de competir por el capital

La defunción de Emilio Botín el mes pasado causó toda una serie de reacciones de todo signo. Junto con las serviles alabanzas de gran parte de instituciones públicas y grandes medios de comunicación, también se emitieron programas mucho más analíticos e interesantes. En concreto, me refiero a esta entrega del programa Fort Apache, en el que se habló de la banca y qué hacer con ella.

En primer lugar, hay que dar la bienvenida a este tipo de debates, tan escasos como necesarios. En este programa, incluso se mencionó el papel de los bancos como verdaderos creadores de dinero, algo que raramente se toca. Este debate público es paso obligado para que el debate político tenga lugar. Un ejemplo de ello es el Reino Unido, donde se acaba de anunciar la discusión en el parlamento sobre el proceso de creación monetaria, en este debate está previsto revisar la ley que prohibía crear dinero a los bancos (la ley de 1840 prohíbe a los bancos la creación de billetes) y discutir si no sería oportuno prohibirles crear dinero digital, que es lo que hacen en la actualidad. El debate, previsto para el próximo día 20 de noviembre promete ser interesante.
Y es que el modelo monetario y financiero es claramente un asunto político.
 
Soluciones a la banca de hoy
En el debate televisivo que he mencionado se hizo bien en señalar que la banca tiene apoyos públicos sin los cuales estaría quebrada de forma fulminante.  Mucha razón tiene Carlos Sánchez Mato al proclamar que se retiren los apoyos públicos a la banca en manos privadas.
La otra opción sería nacionalizar la banca, poniendo en valor esos apoyos públicos otorgados, sin los cuales no podría sobrevivir, para procurar un mayor control político del crédito y de la gestión de las entidades rescatadas. Ni que decir tiene que cualquier empresa privada que hubiera inyectado tal cantidad de recursos en un sector, sería dueña y señora de ese sector. Por una dejación de funciones en la representación del bien común, nuestros representantes políticos no han ejercido esa baza de poder tras usar el dinero de los ciudadanos para salvar el sector financiero.
En la cuestión de qué hacer con la banca que tenemos hoy, estas dos posibilidades son las que están encima de la mesa: retirar el apoyo público al sector financiero o nacionalizar la banca, o alguna de sus variantes intermedias, pues el apoyo público a la banca también puede traducirse en una determinada condicionalidad: limitar sueldos de los consejeros, imponer cuotas de crédito para distintas sectores productivos, etc. Es curioso que la Troika imponga al gobierno condicionalidad para darle rescates y sin embargo el gobierno no traslade esa condicionalidad a los bancos, en quienes ha enterrado ese rescate y las sustanciosas ayudas y avales adicionales que disfruta.
Pero también es importante señalar que no solo debe preocuparnos la banca que tenemos hoy, sino la que podemos y debemos tener en un futuro. Y este aspecto estuvo fuera del debate mencionado, aunque fue vagamente enunciado con una intervención que quedó sin respuesta. El Sr. Altozano, que en el debate hacía el papel de defensor del sistema financiero actual, aún exhibiendo un profundo desconocimiento de los mecanismos de creación monetaria, planteó algo que es muy real: la exigencia de que los países compitan por el capital; y preguntó como lo harían los demás ponentes, si estuvieran en una posición de gobierno (minuto 41).
Las dos opciones políticas de corto plazo para la banca que acabamos de mencionar no rozan ni de lejos esta cuestión, ni afrontan los problemas estructurales del sistema monetario y financiero actual.
 
El sistema financiero del futuro
Respecto a la posible solución de nacionalizar la banca, es importante señalar que el sector financiero actual tiene características que lo hacen sistémicamente insostenible: La tendencia a la concentración, la propensión a las crisis financieras recurrentes con una celeridad cada vez mayor, o la incapacidad de los bancos centrales para estimularlo de forma efectiva, ya sea por la vía de la política monetaria ordinaria o la flexibilización cuantitativa son algunas características que no parece que vayan a ser diferentes por el mero hecho de que la banca sea de titularidad pública. Si sigue habiendo entidades demasiado grandes para caer ¿cómo hacer que la impunidad de los banqueros no se convierta en la impunidad de los políticos al frente de su gestión? El ejemplo de lo ocurrido con los políticos en los consejos de las cajas de ahorro no es un precedente muy halagüeño al respecto.  Posiblemente la nacionalización, o ejercer una condicionalidad dura con el sector financiero, sean medidas necesarias en el corto plazo, pero la posibilidad de que esto suponga una solución a largo plazo es mínima. No hay ninguna medida regulatoria que nos vaya a sacar de un modelo monetario y financiero excesivamente concentrado y propenso a las crisis, puesto que el modelo, de por sí, tiende a la concentración bancaria y a las crisis recurrentes.
En segundo lugar, la opción de retirar los apoyos públicos a la banca es atractiva pero imposible: habría que estar preparado para dejar caer la banca y no lo estamos; entre otras cosas, porque no tenemos ninguna solución diferente al modelo financiero actual: el modelo basado en la creación de dinero por parte del sistema bancario mediante el mecanismo de reserva fraccionaria. ¿Cómo afrontar un pánico bancario con un sector donde casi el 60% de los activos están colocados en 5 entidades? Sin un modelo diferente de banca ya funcionando, parece difícil. Primero hay que dejar crecer un modelo financiero diferente y entonces la sociedad no necesitará rescatar ni subvencionar al que tenemos en la actualidad, pues no dependeremos de él.
Estos graves problemas estructurales exigen solución, pero además tenemos esta otra cuestión: Cómo competir por el capital, que es justo la clave del problema.
Efectivamente, el actual marco institucional (en el que el sistema monetario y financiero es una pieza esencial) nos impone la competencia por el capital. Los países se ven así obligados a competir con otros países para atraer actividad económica, y en esa competencia se utiliza el dumping fiscal, o sea, cobrar menos impuestos a las empresas por establecerse en tu territorio que la hacienda pública del país de al lado. Esto dificulta la subida de los impuestos a las rentas altas, lo cual deja a los gobiernos sin recursos.
 
Mejor no cometer los errores típicos
La obligación de competir por el capital es una realidad innegable dentro del marco institucional actual. La postura clásica de la izquierda ante ella ha sido 1: típicamente actúan como si la obligación de competir por el capital no existiera y 2: no hacen nada para liberarse de ella. Esta combinación es una receta para el fracaso y da como resultado la izquierda testimonial y fracasada a la que, en cuanto sube al poder, le empiezan a subir las cifras de paro, la inflación y el déficit público. Amparados en el consuelo de que Marx no lo concibió, siguen sin tomar en serio la profunda naturaleza disruptiva del dinero fiat no referenciado y combinado con un recurso masivo al dinero-crédito, del que se nutre principalmente nuestro sistema monetario y financiero hoy día: un dinero digital, que habita en los balances de los bancos y surge, principal, pero no únicamente, al otorgar crédito. Un sistema monetario basado únicamente en este tipo de dinero fue inconcebible no solo para Marx, sino también para su principal seguidor en lo que al estudio del capital financiero se refiere: R. Hilferding, cuyos importantes aciertos predictivos en su obra magna “El Capital Financiero” hubieran sido mucho mayores si no hubiese descartado por imposible el tipo de sistema monetario y financiero que tenemos hoy.
Frente a esta postura de la izquierda clásica, está la de una izquierda pujante que sí está funcionando: por ejemplo, la del gobierno de Uruguay, que sigue dos estrategias complementarias : por un lado, aceptar el reto de competir por el capital, que a corto plazo es ineludible. Uruguay se ha esforzado en incentivar la inversión extranjera para poder recaudar impuestos y después llevar a cabo una redistribución de la renta. Por otro lado, está tomando medidas para liberarse del marco institucional que le obliga a competir por el capital, en concreto, poniendo en marcha una moneda social (el gobierno de Uruguay lleva 3 años trabajando en este proyecto que todavía no ha visto la luz).
Esta obligación de competir por el capital es la traducción inevitable de la sumisión política de los gobiernos ante el capital financiero. Una obligación derivada de aceptar, de forma implícita, un modelo monetario y financiero en el que siempre hay más deuda que dinero para pagarla, porque precisamente son los bancos quienes crean el dinero como contrapartida de un reconocimiento de deuda con interés. Desde un punto de vista democrático, esta sumisión no se sostiene. Solo se sostiene porque se considera ineludible, como si fuera la fuerza de la gravedad o algo parecido, mientras que la realidad es que procede del diseño del sistema monetario: lo menos democrático que existe en nuestro marco institucional, algo que jamás ha sido sometido a votación popular ni a cuestionamiento alguno. Mientras no se tomen medidas para el cambio institucional necesario que permita liberarse de esa obligación de competir por el capital, esa situación de sometimiento al capital financiero no cesará y los países, así como las empresas, y todos los seres humanos en general, seguiremos viéndonos obligados a competir por el capital para que nos salgan las cuentas.

El Banco de Inglaterra lo admite: el dinero es solo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando.

“La verdad al descubierto: el dinero es sólo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando. La honestidad British banknotes – moneydel Banco de Inglaterra lanza por la ventana las bases teóricas de la austeridad.” Así comienza un artículo de David Graeber publicado hoy, 18 de marzo de 2014, en el periódico británico The Guardian, en el que se comenta el artículo publicado por el Banco de Inglaterra titulado: La creación monetaria en la economía moderna. El artículo del Banco Central se resume en tres puntos que lo encabezan y son:

  • En este artículo se explica cómo la mayor parte del dinero en la economía moderna se crea por parte de los bancos comerciales al otorgar préstamos.
  • La creación de dinero en la práctica difiere de algunas falsas ideas muy extendidas – Los bancos no actúan simplemente como intermediarios, prestando los depósitos que los ahorradores colocan en ellos, ni tampoco “multiplican” el dinero del banco central para crear nuevos préstamos y depósitos.
  • La cantidad de dinero creado de la economía depende en última instancia de la política monetaria del Banco Central. En tiempos normales, esto se lleva a cabo mediante el establecimiento de las tasas de interés. El Banco Central puede también afectan la cantidad de dinero directamente a través de la compra de activos o “flexibilización cuantitativa”.

Igual que en mi ultimo artículo, no estamos ante nada nuevo. Numerosos pensadores independientes como la recién fallecida Margrit Kennedy, Bernard Lietaer, Ellen Brown o Thomas Greco llevan décadas denunciándolo. En general, cualquier persona involucrada en el campo de las monedas sociales o complementarias lo tiene meridiánamente claro. Además, recientemente otras voces bastante poco “alternativas” lo han señalado también, como los economistas del FMI Michael Kumhof y Jaromir Benes en su El Plan Chicago revisado de 2012 y 2013.
La novedad es que lo admita el Banco de Inglaterra. El articulista del comentario en The Guardian, el antropólogo David Graeber, autor del interesantísimo libro “La deuda, los primeros 5.000 años“, se pregunta y él mismo se contesta:

¿Por qué el Banco de Inglaterra de pronto admite todo esto? Bien, una razón posible es que es obviamente cierto. El trabajo del Banco es gestionar el sistema, y en los últimos tiempos, el sistema no ha estado funcionando especialmente bien. Es posible que se decidiera que mantener la fantasiosa versión de la teoría económica oficial, que ha demostrado ser muy conveniente para los ricos, es simplemente un lujo que ya no puede permitirse.

Probablemente David Graeber se queda corto al valorar las consecuentas de esta admisión. Esto no solo lanza por la ventana la base teórica de las políticas de austeridad, sino los mismos pilares fundacionales de los modelos económicos actuales, como la neutralidad del dinero, o incluso su misma naturaleza, pues la consideración de que el dinero es una mercancía es lo que justifica que se trafique en un mercado. No olvidemos que el interés, en la teoría económica actual, se asienta sobre la preferencia temporal del dinero hoy frente al dinero en el futuro, una justificación ligada completamente a la supuesta escasez del dinero, por su calidad de mercancía. El hecho de que la verdadera naturaleza del dinero en la actualidad sea un reconocimiento de deuda significa que la asignación del crédito con el que se crea el dinero puede ser un mecanismo suficiente de asignación de recursos y los mercados de capitales no tienen razón de ser.
Dentro de nada, con un poco de suerte, alguien en alguna de estas importantes instituciones hará una sencilla operación aritmética y se dará cuenta de lo que significa que la mayor parte del dinero en la economía se cree como un préstamo con interés: entonces se reconocerá oficialmente que esta forma de creación monetaria, el crédito con interés, es el verdadero motor que impone el crecimiento económico y causa las crisis financieras cuando el crecimiento no llega.

Francisco González en Financial Times: "el monopolio de la banca ha muerto"

En un artículo publicado en el Financial Times el 3 de diciembre pasado titulado “Los bancos necesitan incorporar a Amazon o Google, o morirán”, el Consejero delegado del BBVA, Francisco González, admite abiertamente que “el monopolio de los bancos ha terminado” y que empresas tecnológicas como Google o Amazon están hoy en mucho mejor posición para abordar los retos de futuro de la banca. El directivo de BBVA añade que el sector financiero, con una infraestructura tecnológica construida en los años 60 y 70 repetidamente parcheada, y una cultura poco afín a la de Internet, está lastrado para afrontar este reto.apple-amazon-facebook-google
Nada de todo esto es noticia. De hecho, se podrían mencionar otros retos que está viviendo la banca tradicional como la competencia creciente que les está llegando de las entidades crediticias P2P (créditos de particular a particular, como por ejemplo la española comunitae.com). O las monedas complementarias y alternativas, de las cuales el Bitcoin es la más famosa, pero sin duda no la única ni la más importante. La gran noticia es que Francisco González lo declare en la columna de opinión de The Financial Times.
¿Qué significa esta declaración? Es probable que el artículo sea un guiño a los gigantes de Internet para aproximarse a los gigantes financieros y tratar de provocar la fusión entre ambos. De ahí el hincapié de Francisco González en los seis años que BBVA ha invertido en modernizar sus infraestructuras tecnológicas. Pero desde un punto de vista estratégico, esa posible fusión tiene mucho más sentido para la banca que para las empresas tecnológicas pues, si el monopolio de la banca ha caído ¿para qué necesitan las tecnológicas a la banca? Allí donde la banca tiene su valor diferencial, su red de oficinas, es en los mercados maduros de los países desarrollados, mercados con poco potencial de crecimiento. Las posibilidades de crecer están en los países emergentes, y en esos países el crecimiento se está produciendo sobre todo a través de los canales de banca móvil. Nada impide a las tecnológicas, acompañadas quizá de las operadoras de telecomunicaciones, copar esos mercados desplegando sus modernos sistemas de interacción online y de banca móvil, ahogando así las opciones de crecimiento de la banca tradicional que se vería así abocada a una inexorable caída.
Resulta llamativo leer a Francisco González exponiendo el gran potencial de la banca convencional de ofrecer datos sobre los hábitos de compra de los usuarios a empresas como Amazon y Google, empresas que saben todo, y cuando digo todo es todo, de sus usuarios y clientes. Con los sistemas de análisis de grandes cantidades de datos, lo que se denomina Big data, y una interacción con el cliente cada vez más multicanal en la que internet esté presente, ese tipo de información es ya una realidad al alcance de muchas empresas, que nadie está buscando precisamente en los bancos.
Este incierto futuro del sector financiero encaja con las declaraciones de la troika de hace apenas una semana. En su reciente visita a España, los hombres de negro manifestaban su preocupación por la falta de rentabilidad de la banca, y animaban a las instituciones financieras españolas a salir al exterior. Lo que ocurre es que en el exterior se encontrarán con el panorama que he descrito antes.
Por lo tanto, estamos frente a un sector financiero que es todopoderoso hoy pero consciente de lo efímero de su hegemonía.  Como un rey con el ejército enemigo a las puertas de la muralla, está buscando salidas o incluso buenas condiciones para la rendición, pero no va a vender barato su pellejo y va a ejercer su poder hasta el final, usando al gobierno para liquidar el país, pronto no quedará más que lo que esté atornillado al suelo, tal como ilustraba hace poco Simona Levi, en su exhortación para unirse en una propuesta ciudadana de mínimos que se ha denominado Partido xComo ya he comentado, hace tan solo un par de semanas el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, admitía abiertamente lo que todos sabíamos pero su gobierno había estado negando hasta ahora: que los rescates del sector financiero los íbamos a pagar, en su momento, los contribuyentes con cargo a los presupuestos generales del estado, pues “ningún país puede vivir sin un sector financiero”.  Resulta lamentable la abierta rendición de nuestros políticos a un poder que, no solo no representa la soberanía popular, sino que además es un poder sin futuro.
El poder financiero tiene un activo ilegítimo en su posición de domino actual. Tiene la protección declarada del poder político, que aprovecha una estructura política originalmente diseñada para distribuir la renta de arriba abajo, para hacer una redistribución de la renta en el sentido contrario y pagar así rescates e intereses de la deuda cada vez mayores a los bancos con cargo a las cuentas públicas y aplicar una política impositiva cada vez menos progresiva. En una sociedad un poco más democrática que la actual estarían corriendo ríos de tinta en la Academia y en los medios de comunicación, no habría nada de mayor actualidad política y económica que encontrar alternativas a este sector financiero (que es la parte fundamental del sistema monetario) sin el que no podemos vivir pero que tiene a la sociedad en una situación de secuestro. Ni siquiera hay que tener mucha inventiva, aunque solo fuese eso, podrían escuchar a Francisco González, que lo dice bien claro: el futuro de la banca es tecnológico. Pero no tiene por qué ser lo que Francisco González espera.
La sociedad civil puede quedarse presenciando el negocio, la venta ordenada de esa posición de privilegio y dominio que detenta el poder financiero, o un traslado de ese activo ilegítimo a nuevos y más competentes dueños: las empresas tecnológicas. O también puede prepararse para tomar cartas en el asunto y aprovechar que ya es oficial porque Francisco González lo ha dicho: el monopolio de la banca ha muerto.
Quizá es el momento de que la ciudadanía empiece a entender de dónde sale ese inmenso poder que doblega a los poderes políticos y comprenda cómo adquirir esta parte de la soberanía que claramente no está en el pueblo, pues esa soberanía ahora está a disposición del mejor postor.

Tenemos alternativas para no vender el patrimonio

La venta del patrimonio público parece ser la huída hacia adelante preferida de los gobiernos de este país. El viernes pasado el presidente del gobierno declaraba sin rubor en RNE lo que todos ya sabíamos, que el rescate bancario lo pagaremos todos los españoles por la vía de los presupuestos generales del estado. El agujero presupuestario se está cubriendo, como también sabemos todos, con recortes en los servicios públicos como educación o sanidad, pero también con la venta del patrimonio nacional. Hace dos meses, saltaba la noticia de la venta del 10% del Parque Natural de los Alcornocales.
En los presupuestos de 2014 de la Generalitat de Catalunya hay incluidos 842 millones € de ingresos previstos por la enajenación de patrimonio. Patrimonio perteneciente a los catalanes, que se va a vender en las peores condiciones de mercado posibles al mejor postor (¿extranjero?), simplemente para poder hacer frente a los pagos previstos. Esta pérdida de riqueza es equivalente a cuando no hay para comer y se malvende la casa, pero después se alquila a quien la ha comprado… pan para hoy y hambre para mañana.
Sin embargo, esta no es la única opción que tienen las administraciones públicas. Existen opciones que permitirían solucionar de otra forma los problemas de falta de liquidez. Recordemos lo que explicaba Ellen Brown en su libro “Telaraña de deuda” (1) respecto a una pequeña isla entre Francia e Inglaterra que tomó la determinación de no vender su futuro:
“Mientras los banqueros estadounidenses insistían en que el gobierno tenía que pedir prestado en lugar de imprimir el dinero que necesitaba, los residentes de un pequeño Estado insular en la costa de Inglaterra estaban llevando a cabo en silencio un experimento que mostraría que el argumento de los banqueros sobre el peligro de la inflación es una farsa. Guernsey se encuentra entre las islas del Canal británicas, a unos 75 kilómetros al sur de Gran Bretaña. En 1994, el Dr. Bob Blain, el Profesor de Sociología en la Universidad del Sur de Illinois, escribió acerca del notaguernsey-peter_1678294cble caso de esta isla:
“En 1816 sus diques se desmoronaban, sus caminos estaban embarrados y sólo tenían 1,3 mt de ancho. La deuda de  era de 19.000 libras. Los ingresos anuales de la isla eran de 3.000 libras de las cuales 2.400 necesitaban ser utilizadas para pagar los intereses de su deuda . No es sorprendente que la gente abandonase Guernsey, había poco trabajo.
Entonces, en 1816, el gobierno de  Guernsey creó y prestó billetes sin intereses por valor de 6.000 libras. Unas 4.000 libras fueron utilizadas para iniciar las reparaciones de los diques. En 1820, otras 4.500 libras fueron emitidas, una vez más sin intereses. En 1821, otras 10.000; en 1.824, 5.000; en 1.826, 20.000. En 1837, 50.000 libras se habían emitido sin intereses para el uso principal de proyectos como diques, carreteras, el mercado, iglesias y colegios. Esta suma duplicó con creces la oferta monetaria de la isla durante este período de trece años, pero no se produjo inflación. En el año 1914, cuando los británicos limitaron la expansión de su oferta de dinero, debido a la Primera Guerra Mundial, el gobierno de Guernsey emitió otras 142.000 libras en los siguientes cuatro años y nunca miraron hacia atrás. En 1958, más de 542.000 libras se habían emitido, todo ello sin inflación.
“Guernsey tiene un impuesto sobre la renta, pero el impuesto es relativamente bajo (una tarifa “plana” del 20 por ciento), y es simple y sin escapatoria. No tiene un impuesto sobre sucesiones, no hay impuesto de ganancias de capital, ni ninguna deuda federal. Los bancos comerciales dan servicio a prestamistas privados, pero el gobierno no se endeuda. Cuando se quiere crear una infraestructura o servicio público, sólo se emite el dinero que se necesita para pagar el trabajo. El Gobierno de Guernsey ha estado emitiendo su propia moneda desde hace casi dos siglos. Durante ese tiempo, la oferta de dinero ha crecido cerca de 25 veces su tamaño original, sin embargo, la economía no se ha preocupado por la inflación de precios, y se ha mantenido próspera y estable (2).
“Muchos otros países también han emitido con éxito su propio dinero, pero Guernsey es uno de los pocos que se han quedado fuera del radar el tiempo suficiente para escapar de los ataques encubiertos de un cártel bancario internacional que pretende monopolizar la capacidad de crear el dinero.”
El secreto de la ausencia de inflación es que el dinero invertido en economía productiva (la construcción de infraestructuras necesarias lo es) genera directa o indirectamente nuevos productos y servicios que se pueden comprar con ese nuevo dinero. La condición para que se produzca inflación es que haya demasiado dinero en el mercado tratando de comprar demasiados pocos bienes y servicios. Por lo tanto, para mantener la inflación a raya hay que invertir en la creación de nuevos bienes y servicios que tengan demanda real y efectiva en el mercado, o que sirvan para propiciar su producción.
Hace unos días Valor Afegir de TV3 hizo un reportaje sobre monedas sociales en que se presentaba el proyecto Eurocat, al que contribuyo. Si la Generalitat participase en proyectos como este, no tendría que dilapidar el patrimonio de los catalanes… Y además se ahorraría los 2.077 millones € que tiene presupuestado pagar en intereses de la deuda.
Nota añadida 12/12/2013: Tras algunos comentarios debo hacer una aclaración. El caso de la isla de Guernsey no puede llevarnos a la conclusión de que el Estado puede emitir dinero sin control y mucho menos para cualquier propósito. Se pueden documentar casos claros en los que los Estados, especialmente para poder sufragar conflictos bélicos, han sobre-emitido la moneda nacional, que ha acabado perdiendo valor y generando inflación. Lo que este artículo pretende es demostrar es que ese mal uso de la emisión monetaria por parte de los Estados no tiene por qué ocurrir y también, que la solución a esa eventualidad no pasa por obligar al Estado a pedir prestado a bancos o mercados financieros. La solución es que esa capacidad de emisión monetaria esté controlada por la ciudadanía para que se produzca en la cantidad y para los propósitos democráticamente elegidos.
(1)   Extracto de Ellen Brown “Web of Debt” – Third Millennium Press – Baton Rouge, Louisiana – EEUU. Página 115.
(2)   Bob Blain, “The Other way to Deal with the National Debt”, Progressive Review (Junio 1994)

¿Crisis financiera o crisis monetaria?

Alternativas Económicas LogoA continuación copio uno de mis artículos, publicado recientemente en la nueva revista Alternativas Económicas. Esta revista acaba de abrir sus puertas en España, tras 32 años de andadura en Francia como Alternatives Economiques.
 
¿Crisis financiera o crisis monetaria?
Susana Martín Belmonte – Firma invitada
Alternativas Económicas
Agosto 2013
 
Desde hace 5 años no hacemos otra cosa que hablar de la crisis financiera, sus causas y posibles soluciones. Una de las cuestiones que han quedado claras es que la crisis financiera se desencadenó a causa de la forma irresponsable en que las entidades financieras prestaron dinero en la época que va desde el año 2001 al 2007. Y esto se refiere tanto al perfil del inversor como al objetivo de la inversión, que fue en gran medida la especulación inmobiliaria.
No hay más que revisar los augurios de aquellos que predijeron la crisis de 2008. Todos advirtieron el peligro que había en la gran burbuja de deuda que se estaba creando. Economistas como Steve Keen, Nouriel Roubini, Dan Baker, técnicos del Banco de España o el ecologista Ramón Fernández Durán, por poner solo algunos ejemplos, están entre ellos.
También está probado que esta gran burbuja de deuda fue sobre todo una burbuja de deuda privada, salvo en algunos países como Grecia. Este es el caso de países como España, Estados Unidos, Irlanda y Reino Unido.
Por lo tanto, la cuestión estriba en qué criterios se han seguido para asignar el crédito privado, por qué son erróneos y cómo podrían mejorarse.
Cuando pensamos en el crédito, mentalmente visualizamos a un ahorrador depositando el dinero en el banco y a un inversor tomando un préstamo del banco. Aquí empieza el error. Se supone que el dinero ya existe y por eso se presta, lo cual es falso.
En general la gente no sabe cómo se crea el dinero. Pero esta cuestión se elude, como si fuese un detalle sin importancia y, en lo relativo a la forma de prestar ese dinero cuyo origen se desconoce, se asume que se presta el dinero que ya existe, pues la lógica dicta que no se puede prestar lo que no existe.
 
El dinero existe porque se presta
Sin embargo, como tantas veces ocurre, la realidad es contraintuitiva: el dinero no se presta porque ya existe, sino que existe porque se presta. El sistema bancario crea la mayor parte del dinero en circulación al otorgar préstamos. Prestar es la forma de crear una gran parte del dinero en circulación: el dinero bancario. El sistema financiero forma parte del sistema monetario. Aquí radica la importancia del sistema monetario. Los aspectos esenciales respecto a cómo se presta el dinero no se cuestionan, pues desde este falso punto de partida (o sea: se presta el dinero que ya existe) es fácil dar por buena toda una justificación de cómo funciona la asignación de crédito, que es igual de falsa: el ahorro debe ser trasladado a la inversión, la función de los bancos es hacer de intermediarios entre ahorro e inversión, hay que incentivar a los ahorradores con el pago del interés para que presten su dinero… Toda esta serie de ideas que no corresponden a la realidad sirven aún de base de razonamiento para diagnosticar el problema financiero y buscar soluciones. No es sorprendente que las propuestas resultantes no estén resolviendo nada.
Para detallar más lo equivocada que está la opinión generalizada respecto al funcionamiento del sistema crediticio citaremos, por ejemplo, a Jaromir Benes y Michael Kumhof, dos economistas del Fondo Monetario Internacional que han escrito, a título personal, un artículo titulado: The Chicago Plan revisited, en el que proponen un nuevo sistema monetario. En dicho artículo se describe en detalle el funcionamiento del sistema actual y se declara, citamos textualmente:
“En el sistema monetario actual (…) los cambios en los agregados monetarios de una nación dependen de si los bancos tienen voluntad de crear depósitos. Y los bancos crean (o destruyen) depósitos cuando crean (o destruyen) préstamos bancarios.”
“La función fundamental de los bancos en las economías modernas no es la, bastante accesoria, de hacer de intermediarios entre depositantes y prestatarios, sino su función central como creadores y destructores de dinero”
“la recomendación tan escuchada, de que para generar los adecuados niveles de inversión la economía tiene que generar suficiente ahorro, está fundamentalmente equivocada, porque el sistema crediticio creará el ahorro junto con la inversión [al prestar el dinero].”(Traducción de la autora)
Solucionar y prevenir las crisis financieras consiste en prestar (crear) el dinero bajo otros criterios y esos nuevos criterios son mucho más fáciles de concebir prescindiendo de los principios falsos que hemos mencionado y considerando las verdaderas posibilidades a nuestro alcance, que son mucho más amplias de lo que parece. Posibilidades que ya se están concretando en propuestas para reformar el sistema monetario, como la que acabamos de citar.
 
La ‘R-economía’
La propuesta que yo aporto se llama R-economía. Se trata de un sistema monetario con dinero digital nominativo (anotaciones en cuenta a las que se accede por medios telemáticos), que se crea sin intereses para nutrir la economía productiva, y que permite crear una economía real no especulativa. Esta propuesta está detallada en mi libro: Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano (Icaria 2011).
Otras iniciativas proponen la reforma monetaria por la vía de la creación de monedas paralelas o complementarias. El execonomista jefe del Deutsche Bank, Thomas Mayer, propuso en 2012 la creación de un sistema monetario paralelo para solventar los problemas de los países periféricos de la Unión Europea. Su propuesta para Grecia, concretamente, es una moneda paralela denominada GEURO. Más información en este documento publicado por la BVMW (Asociación alemana de pymes) (página 65).
Junto con Thomas Mayer, otros economistas han firmado una declaración en la que defienden la creación de monedas paralelas o complementarias como solución a los problemas de las economías en dificultades de la zona euro.
Pero esta tendencia no es solo el resultado de los problemas monetarios de la zona euro. Las monedas alternativas han sido tradicionalmente la solución en momentos de escasez monetaria. En Suiza hay una moneda complementaria llamada Wir que está en funcionamiento desde 1934, cuando un grupo de empresarios suizos la pusieron en marcha para combatir la Gran Depresión. Hoy la usan más de 60.000 pequeñas y medianas empresas locales. Hay estudios que atribuyen a esta moneda la estabilidad de la economía productiva suiza.
En Brasil, el banco central ha decidido apoyar la creación de monedas complementarias, después de comprobar los beneficiosos efectos que tuvo la creación de una moneda social en la zona de Fortaleza por parte de una asociación, una institución que después se ha denominado Banco Palmas.
En la ciudad de Bristol en UK se ha puesto en marcha una moneda paralela (Bristol Pound). El alcalde de dicha ciudad ha decidido cobrar el 100% de su sueldo en dicha moneda.
 
Las cripto-monedas
Junto a esta tendencia, más bien social, cuyo objetivo es encontrar soluciones monetarias en el marco de la recesión, también existen otras soluciones monetarias innovadoras que merecen una categoría aparte. La más destacada serían las denominadas cripto-monedas, como el bitcoin, que se crean desencriptando código informático. Son monedas P2P que tiene la capacidad de escapar al control de los gobiernos, en las cuales el componente social se reduce a aceptar formar parte de la comunidad que las usa. Más información en este enlace: http://yanisvaroufakis.eu/2013/04/22/bitcoin-and-the-dangerous-fantasy-of-apolitical-money/
Y no podemos olvidar las monedas corporativas que ante todo buscan el beneficio de las empresas que las crean. Amazon ha creado el Amazon Coin para consumir aplicaciones y servicios en entorno del kindle fire. Facebook y el entorno virtual Second Life, también crearon sus propias monedas en el pasado. Las millas aéreas y los programas de fidelización que permiten ganar puntos canjeables por una serie de productos con el consumo de productos o servicios de una determinada marca no dejan de ser sistemas monetarios paralelos, y la tendencia es que sigan creciendo.
A pesar de que la falta de liquidez es el motivo dominante para el uso de monedas alternativas, el verdadero reto no es tapar el agujero de liquidez que sufre actualmente la economía real. Argentina, en la época del corralito, generó numerosos esquemas de intercambio con unidades de cuenta complementarias. Pocos de ellos sobreviven, por desgracia, y la fórmula para asignar el crédito, en la mayor parte del mundo, sigue siendo esencialmente la misma. Una fórmula que, como se ha demostrado, ha sido la causa de la Gran Recesión en la que estamos. El verdadero reto es la reforma monetaria, crear un sistema monetario y financiero que, además de ser un parche de liquidez en la situación actual, pase de lo coyuntural a lo estructural, y constituya una forma diferente de asignar el crédito, una forma diferente de crear el dinero que no provoque crisis financieras, recesiones ni todos los demás problemas que genera el sistema monetario actual, que van mucho más allá de lo descrito en este artículo.
 
Original publicado en Alternativas Económicas